LAVADEROS PÚBLICOS

 

 

    La falta de agua corriente en unos casos junto con la inexistencia de espacios adecuados en la mayoría de las viviendas del pueblo, obligaban a las mujeres de entonces a realizar el lavado en los lavaderos públicos.

    En Santa Cruz, a nuestro parecer, existieron tres lavaderos públicos: el primero en Taruelo, el segundo a la entrada del puente de Oriella en dirección a dicho barrio desde la cuesta de acceso al puente, y el tercero en

Bustiello.   La fisonomía de los tres era bastante similar: techo con caída a dos aguas y retejado, una balsa de agua para lavar situada en el interior, dividida en dos partes: la de la zona de lavado de las ropas sucias y la de aclarado y una bancada un poco elevada sobre el suelo. Las bancas o bancadas, que así se llamaban cuando el lavado se hacía de rodillas en el río, tenían como misión crear un espacio de lavado para cada lavandera, que ahora lo hacía de pié. También existía un espacio inclinado de piedra con unas hendiduras para evitar el encharcamiento del agua y posibilitar el frotado de la ropa. Encima de la bancada, se podía ubicar una tabla inclinada de madera con rayas estriadas que facilitaba el lavado y evitaba que la humedad llegara al cuerpo de la lavandera; esta misma pieza era utilizada también para lavar en los domicilios aplicada a barreños, cubetas y a la pila o fregadero de la cocina.

    El vertido de las aguas tanto de la colada como el lavado y el aclarado, se solía realizar directamente al río .Se solían utilizar unas “palas” para golpear a la ropa más sucia y la ropa lavada era transportada en capazos o “baldes” de madera o zinc.

    Todavía en los años de la post-guerra de 1.936-1.939 y hasta las décadas del 1.960 en que las lavadoras eléctricas empezaron a aparecer, se lavaba en los citados lavaderos que eran un lugar de encuentro, de solidaridad femenina y ayuda mutua. Es fácil imaginar la función socializadora del lugar donde la obligada cita propiciaba la charla, el cambio de impresiones y a veces los cánticos compartidos.

    Los maridos de estas mujeres, y en plan jocoso no exento de cierta ironía, llamaban a este lugar “Radio Llavaderu” dando a entender los chismorreos y noticias que circulaban de boca en boca,

    Pasan ante nuestros ojos las imágenes de niño donde podíamos ver a esa docena de mujeres golpeando con fuerza una ropa que parecía desgarrarse con tanto castigo, la pastilla de jabón pasando de un lugar a otro de las ennegrecidas prendas, las manos de las mujeres erosionadas por la humedad y con unas estrías profundas en sus dedos, la artrosis y los sabañones, manos torcidas y lejiosas con uñas cortas…..Esas valientes y recias mujeres fueron un ejemplo a seguir

    Desgraciadamente y al contrario que en otras localidades, que convirtieron los antiguos lavaderos como lugares de muestra de una cultura antes de la modernidad, en Santa Cruz no se conserva ninguno.

 

 

FIELATOS   

 

    Servían para controlar la entrada de mercancías y en ellos se abonaba una cierta cantidad de dinero, además de hacer un somero control sanitario de los alimentos. Su nombre proviene del hecho de que en su interior siempre estaba un fiel o una balanza para realizar el pesaje.

    Era un edificio no muy grande donde estaba una báscula y una pequeña oficina donde el “consumeru” realizaba sus labores de control y administrativas.

    En Santa Cruz existieron dos fielatos: una a la entrada del pueblo en dirección a Aller y situado en la estación de Taruelo y el otro en Valdefarrucos (perteneciente a Aller) de forma tal que las entradas y salidas obligadas al pueblo estaban “copadas” por los fielatos, aunque más de uno se evadía de su control, usando rutas alternativas por caminos o montes cercanos y así no pagar los tributos correspondientes….

    Se nos informa que ejercieron este oficio los Sres. Flórez y Adolfo Díaz (regentaba el antiguo Bar Villaconsuelo en Taruelo)

 

 

 

 

CASILLA DE PEONES CAMINEROS. (foto224)

 

    Allá por los años 1.852 se establece una circular por parte del Ministro de Fomento y dirigida a una Dirección General para que se procediese a la construcción de las casillas de peones camineros:”En todas las carreteras generales, sobre la base ,por punto general, de que deberá tener cada una vivienda para DOS, adoptando el sistema de construcción más sencillo y económico posible, y que al efecto, se proponga un plan general, así como la distribución y situación de las casillas como de los planos correspondientes, sus presupuestos y sistema que habrá que seguirse en su ejecución. La distribución de casillas respecto a cada carretera se adoptará siguiendo la regla de colocar la correspondiente a cada legua hacia el centro de ella pero si coincidiese dicho paraje con algún pueblo, se podrá excusar la casilla correspondiente.

    La contestación de la Dirección General es: el área cubierta de la vivienda será de 13,10x8, 27 m. con dos puertas de entrada independientes, una para cada familia, y situadas en el corral por donde se pasará a la cocina. El inconveniente de hacer visible las entradas a la casa, quedará compensado con la ventaja de tener para cada vivienda un solo acceso desde el descubierto, y este defendido por dos puertas contra las inclemencias del tiempo o los ataques de malhechores que son de temer y no sería raro que se verifiquen en casas en despoblado.”

    Creemos recordar que la única casilla de camineros del Estado se encontraba en Taruelo: en una vivienda vivió Pura y Pilarina ( que posteriormente tendría una tienda al lado de Casa Villanconsuelo) y en la otra Josefina y Pilar

 

 

 Victor Manuel Fernández Rodriguez

Jose M. Fernández Ordóñez

 

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